Manchakuypi Kay

Cuando perder es fantástico

Publicado: 2012-06-11

(Escribe: Alejandro Lozano Tello)

Cuando la ex candidata presidencial, Keiko Fujimori, perdió las elecciones, no pudo prever (cómo podría, por Dios) que su derrota sería lo mejor que podría sucederle. No solo se ha salvado de enfrentar una serie de conflictos heredados, sino que ahora, sin mover un mínimo ligamento de sus falanges superiores, se asoma solitaria como una posibilidad latente de respuesta ante la ineficacia del gobierno.

Kenyis aparte, la heredera del otrora nefasto dictador nipón no solo ha trocado en democrática (sí, aquello que le faltó para ganar las elecciones) sino que tiene tanto espacio para maniobrar que puede permitirse elogiar de buena gana al premier actual, devoto por lo demás del pragmatismo de su padre.

Ya hemos dicho en otra parte que la distancia que nos separa del neofujimorato es un escaso 20 %, acaso menos, de votantes, capaces incluso de votar por Humala y no por ella. El resto, aquellos que la hicieron subir más de 25 % en la segunda vuelta, de talante sincero votarían de nuevo por ella en una situación como la actual.

¿Lo imaginan? ¿Una Keiko sin rivales en la izquierda, deslegitimada esta última por un creciente radicalismo (casi como en los noventas), con una población que pide mano dura y sobre todo una población urbana que clama fastidiada que por favor dejen de fregar un poquito?

Lo que la izquierda, si es cabal denominarla así, está haciendo en este momento es empujar el carro hacia su propia estigmatización.  En cierto modo, en el imaginario colectivo, es un conflicto de izquierda contra izquierda. La que se olvidó de serlo y la que no sabe ser otra cosa. Es iluso, me apresuro en postular, que un líder regional de las actuales protestas pueda derrumbar al ex militar (¡si son casi senderistas, por los clavos de Joseph McCarthy!), pero incluso más lo es que este líder pueda gobernar alguna vez el país. Se quedaría, como máximo, con el 30% de la primera vuelta ollantista. Por debajo navega esa población que sí cree, en la lejanía de su home theater y su Al fondo hay sitio, que el Perú crece y que todo ruido es molesto.

Ah, la nostalgia. La nostalgia de los tiempos de tranquilidad, cuando los medios eran libres porque podían vender hasta su línea editorial, en que los problemas estaban bien lejos, allá, en esas tierras inexploradas y salvajes que por desgracia nos dejó Bolívar… ah, la nostalgia.  Y mira tú que un día cualquiera, al tomar el café alguien se detiene y piensa: “Hey, no estuvo tan malo eso del fujimorismo, ¿no?”. Y entonces al cacho la historia, la dignidad y todas esas cosas izquierdistas que nos llevaron a este desbarajuste del demonio. Y entonces, como en toda la película de suspenso y terror que es nuestra historia, los Kenyis ya no aparte sino de presidentes del Congreso, las MarthasHildebrant redimidas, el sueño del pongo que nunca se hace realidad. Y la izquierda, silenciosa, esperando otro Humala, otra segunda oportunidad en una historia de la que no ha sabido aún ser protagonista.


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Perú de Ciudadanos

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